lunes, 15 de febrero de 2010

Cuando las botellas se terminan, en “Donde Juanchos” está la comida


¡Un Submarino y dos Maicitos sencillos! Grita un mesero, su voz parece ser el pitazo de entrada de un juego de baloncesto donde las cestas dejan de ser en las canastas y son reemplazadas por los platos de icopor. Los espectadores pasan de ser fanáticos de un deporte a hambrientos hombres que piden a gritos cada vez con más fuerza un bocado de lo que podría ser la solución a su dolor de cabeza.

Así comienza una noche de viernes en donde la comida rápida, la grasa y los borrachos son los protagonistas de la velada. El restaurante de comida rápida “Donde Juanchos”, es punto de encuentro para los jóvenes que pretenden bajar un poco el exceso de tragos de toda una noche.

La magia de este restaurante se esconde detrás de las puertas transparentes de una nevera que deja ver los pollos, papas y otros ingredientes, debidamente organizados y congelados, comida que a medida que las botellas de aguardiente se terminan, se cocina.

Cuando el reloj marca las doce de la noche la cenicienta deja caer su zapatilla de cristal escapando del príncipe azul por el afán de llegar pronto su casa, antes de que es hechizo se rompa. En “Donde Juanchos” a esta misma hora comienzan a llegar los príncipes y princesas del aguardiente, tratando de escapar del malestar de la mañana siguiente, dejando caer comida y desperdicios, con el afán de romper rápido el hechizo del alcohol.

A medida que amanece el lugar cada vez tiene más visitantes y el caos comienza a robarse la atención, son las dos de la mañana y en la entrada del restaurante se parquea una camioneta de color verde oscuro, sus vidrios no permiten ver hacia adentro. Los rines modulares y la vibración que producía el reggaetón que estaba a todo volumen dentro del campero, La convierten en la camioneta perfecta para rodar un video musical de El Tigrillo Palma.

De ella se baja un hombre que camina sobre la cuerda floja balanceando su cuerpo de un lado al otro, con una habilidad que parece ser adquirida después de varios años de práctica, El show comienza con su entrada triunfal acompañada de los destellos que lanza su camisa de brillantes y la camándula de murano que lleva colgada en su cuello y a los pocos minutos termina cuando después del primer mordisco deja caer su arepa paisa al piso.

“Las personas salen aparentemente mejor de lo que entran” dice Simón Betancur Retrepo, cliente del restaurante, asegurando que la mayoría de las personas que comen “Donde Juanchos” salen caminando más derecho y hablando más claro de lo que entran.

A medida que avanza los segundos las botellas de aguardiente se acaban y “Donde Juanchos” se preparan manjares de comida para llenar barrigas y evitar el guayabo del otro día. Pero eso sí, si a un agente de tránsito se le ocurre darse un vueltica por ese lugar, como dicen por ahí, se haría el agosto y el negocio de comida rápida para borrachos hambrientos tendría que cambiar su público objetivo, porque el tufo se disimula pero el alcohol en las venas no se manipula.

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