Por: Verónica Sierra
Asistir a un evento como la Fiesta del Libro 2010 de Medellín es entrar a aquel mundo fantástico de la niñez, es abrir de nuevo la imaginación para adentrarse en el maravilloso mundo de la literatura. Presentaciones, juegos, talleres, lecturas en voz alta, personajes disfrazados, tapetes coloridos y sobre todo, el sitio en el que se realiza, son algunos elementos que le demuestran al público de la ciudad que están entrando a una gran fiesta. Una fiesta donde las palabras, las historias, y los cuentos se roban el espectáculo y dejan en los visitantes algunas reflexiones.
Después de visitar el Jardín Botánico donde se celebró la Fiesta del Libro de la Ciudad recordé dos pequeños que alguna vez leí: El poder de las historias y El rescate de lo cotidiano, hoy los volví a retomar para tratar de entender que tan importantes son los libros como narradores de historias y que tanto vale la pena contarlas.
Miles de ideas se vienen a mi cabeza al pensar sobre el por qué hay que contar historias; mis primeras esperanzas y sueños surgieron de un cuento de hadas, mi primer amor fue el protagonista de una novela, gran parte de mi conocimiento se lo debo a los libros; es imposible pensar en la vida sin tener de antemano el contar como apoyo para el desarrollo de la misma.
Después de leer El poder de las historias de Juan José Hoyos y El rescate de lo cotidiano de Daniel Samper Ospina, pude partir de hechos concretos que hacen más fácil entender la gran importancia de contar historias. Porque narrar es, como comer, dormir o incluso respirar, una necesidad básica para el hombre.
El legado que nos deja la narración es la posibilidad de tener un pasado, pensar en un presente y construir un futuro, permitiéndonos crear tradiciones, creencias y costumbres que vividas en comunidad empiezan a tener un significado más amplio llamado cultura y su esencia se perdería el día en que las historias no tuvieran voces para narrarlas, ni oídos para ser escuchadas.
Todo el poder de contar historias se esconde detrás de la trascendencia que se puede lograr a partir de ellas, es por ello que hoy podemos conocer relatos de acontecimientos que tuvieron lugar hace más de dos mil años, mencionado en El poder de las historias, sería imposible concebir algo así si no existiera la narración.
Si partimos de la idea de que la historia además de dar la posibilidad de trascendencia, entendiéndola como la capacidad de transmitir conocimientos sobrepasando las barreras del tiempo y del espacio, tiene la capacidad de generar conciencia y abrir los ojos ante situaciones que se desarrollan en las puntas de nuestras narices pero que sin ningún fundamento ignoramos, entenderíamos que si vale la pena contar historias.
Así se evidencia en las diversas narraciones que se toman en cuenta durante el desarrollo de El rescate de lo cotidiano, cada una de ellas por simple o cotidiana que parezca toman fuerza cuando se plasman en papel.
Un baño nada tiene de atractivo hasta que de repente una periodista plantea un punto de vista interesante y logra convertirlo a través de una narración en un lugar donde se desarrollan acciones que describen vidas y que logran captar la atención. Es a eso a lo que se refiere Daniel Samper Ospina al comenzar su texto diciendo que muchas veces detrás de las situaciones dónde aparentemente no pasa nada se esconden las grandes sorpresas, son estas las que merecen ser contadas y recordadas.
Contar una historia tiene cierto grado de incertidumbre, nos comprometemos a narrar, a dejar huella, a proponer, pero no sabemos cuál será el resultado o consecuencia de lo que contamos, lo único que se podría asegurar en este caso es que habrá una reacción frente a lo que se lee, ya sea tirarlo a la basura o guardarlo, algo se hará al respecto.
Recuerdo las palabras del brujo de la tribu Katíos al referirse al periodista Juan José Hoyos, estas fueron sabias al decir “Ese hombre tiene más poder que yo” cuando logró recuperar el tambor robado a la tribu a partir de una crónica. Pero en algo se equivocó, no es el hombre el poderoso sino las palabras narradas; detrás de ellas se esconde la capacidad de persuasión, de convencimiento. Esta posibilidad nos entrega una gran responsabilidad, educar a la sociedad a través del punto de vista que decidamos darle a las historias que contamos.
Hoy después de recordar los libros y las historias en la Fiesta del Libro, creo que vale la pena arriesgarse e intentarlo todo para que a través de narraciones creemos un mundo que se caracterice por la formación de personas con discernimiento y con ideas reales sobre lo que los rodea, con una única manera posible para lograrlo: contando historias.
sábado, 18 de septiembre de 2010
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